Journal of Economic and Social Science Research | Vol. 06 | Num. 01 | EneMar | 2026 pág. 1
La evaluación docente como estrategia para la
innovación educativa y la retroalimentación
curricular
Teacher evaluation as a strategy for educational innovation and
curriculum feedback
Borja-Almeida, Luis Gonzalo
1
Camero-Berrones, Rosa Gabriela
2
https://orcid.org/0009-0001-1338-1493
https://orcid.org/0000-0003-4438-1645
lgborja2@espe.edu.ec
rosagabriela.camero@aulagrupo.es
México, Canún, Universidad Americana de Europa.
Ecuador, Sangolquí, Universidad de las Fuerzas
Armadas ESPE
México, Canún, Universidad Americana de Europa.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v6/n1/226
Resumen: Se identificó una brecha persistente entre la
evaluación del profesorado y su traducción en mejoras
tangibles de la enseñanza y del currículo, lo que motivó
analizar cómo un uso formativo de la evaluación puede
activar procesos de innovación y de retroalimentación
curricular. Se desarrolló una revisión documental
cualitativa, narrativamente sistematizada, de literatura
en español e inglés indexada, con criterios explícitos de
búsqueda, cribado e integración temática sobre
instrumentos de evaluación, mecanismos de
retroalimentación y decisiones curriculares. El análisis
reveló un resultado principal: un patrón triádico en el que
la evaluación permit reconocer fortalezas
profesionales, la retroalimentación específica impulsó la
adopción de metodologías activas y la evidencia de aula
guio ajustes de contenidos y de criterios de logro,
conformando un circuito de mejora continua. La
discusión destacó que dicho circuito depende de
condiciones organizacionales y técnicas, en particular
liderazgo pedagógico, culturas colaborativas de uso de
datos, acompañamiento instruccional y lectura prudente
de puntuaciones, sin las cuales los efectos se diluyen o
se perciben punitivos. Se concluye que integrar la
evaluación docente a rutinas de aprendizaje profesional
y a ventanas periódicas de ajuste curricular fortalece la
coherencia entre currículo, enseñanza y evaluación y
convierte la información evaluativa en decisiones de
rediseño con impacto sostenible.
Palabras clave: Evaluación docente; Innovación
educativa; Retroalimentación curricular; Metodologías
activas; Desarrollo docente.
Research Article
Receptado: 01/Oct/2025
Aceptado: 31/Oct/2025
Publicado: 31/Ene/2026
Cita: Borja-Almeida, L. G., & Camero-
Berrones, R. G. (2026). La evaluación docente
como estrategia para la innovación educativa y
la retroalimentación curricular. Journal of
Economic and Social Science Research, 6(1),
1-
14. https://doi.org/10.55813/gaea/jessr/v6/n1/2
26
Journal of Economic and Social Science
Research (JESSR)
https://economicsocialresearch.com
jessr@editorialgrupo-aea.com
info@editoriagrupo-aea.com
Nota del editor: Editorial Grupo AEA se
mantiene neutral con respecto a las
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Internacional.
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Artículo Científico
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Abstract:
A persistent gap was identified between teacher evaluation and its translation into
tangible improvements in teaching and curriculum, which prompted an analysis of how
the formative use of evaluation can activate processes of innovation and curricular
feedback. A qualitative, narratively systematized literature review was conducted in
indexed Spanish and English, with explicit search criteria, screening, and thematic
integration on assessment instruments, feedback mechanisms, and curriculum
decisions. The analysis revealed one main result: a triadic pattern in which evaluation
allowed for the recognition of professional strengths, specific feedback drove the
adoption of active methodologies, and classroom evidence guided adjustments to
content and achievement criteria, forming a cycle of continuous improvement. The
discussion highlighted that this cycle depends on organizational and technical
conditions, in particular pedagogical leadership, collaborative cultures of data use,
instructional support, and prudent reading of scores, without which the effects are
diluted or perceived as punitive. It is concluded that integrating teacher evaluation into
professional learning routines and periodic curriculum adjustment windows
strengthens the coherence between curriculum, teaching, and evaluation and converts
evaluative information into redesign decisions with sustainable impact.
Keywords: Teacher evaluation; Educational innovation; Curriculum feedback; Active
methodologies; Teacher development.
1. Introducción
En los sistemas educativos contemporáneos, atravesados por la expansión
tecnológica, la presión por la rendición de cuentas y el imperativo de mejorar los
aprendizajes, la evaluación del profesorado se ha consolidado como un mecanismo
estratégico para articular calidad, equidad e innovación. La evidencia internacional
muestra que, cuando los sistemas de evaluación integran propósitos formativos y de
mejora de la instrucción y no solo fines sumativos, pueden activar procesos de
aprendizaje profesional docente y fortalecer la capacidad de las escuelas para innovar
(Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014). La clave está en el uso de la
información generada por la evaluación (observaciones, evidencias de práctica,
desempeño estudiantil) para la toma de decisiones pedagógicas y organizacionales
orientadas a la mejora continua. (Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
Desde esta visión sistémica, la evaluación docente opera como palanca para el
cambio cuando se ancla explícitamente en la retroalimentación oportuna, específica y
accionable, y cuando se inserta en culturas colaborativas de uso de datos (p. ej.,
comunidades profesionales de aprendizaje). La literatura reciente ha descrito cómo el
liderazgo pedagógico y las rutinas organizacionales sostienen el uso de datos en
comunidades docentes, posibilitando la adaptación de prácticas y la adopción de
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innovaciones curriculares y didácticas (van den Boom-Muilenburg et al., 2023).
Asimismo, estudios empíricos en escuelas muestran que la calidad de la
retroalimentación que acompaña a la evaluación se asocia con mejoras observables
en la práctica de aula, particularmente en dimensiones cognitivas del aprendizaje (Kim
et al., 2024).
En el plano instrumental, la observación de clases se mantiene como recurso central
para conectar la evaluación con el desarrollo profesional y con decisiones de mejora
instruccional; su valor aumenta cuando se apoya en marcos y rúbricas bien validados
y cuando el feedback derivado es específico y formativo (Martínez et al., 2016). A ello
se suma la evidencia acumulada sobre el impacto de la retroalimentación proveniente
del estudiantado: las intervenciones que ayudan a los docentes a interpretar y utilizar
esa retroalimentación muestran efectos positivos, especialmente cuando incluyen
apoyos para el análisis y la implementación de cambios (Röhl et al., 2025). De manera
complementaria, las estrategias de coaching instruccional vinculadas a procesos
evaluativos han demostrado mejoras consistentes en la calidad de la enseñanza y, en
menor magnitud, en el rendimiento académico, lo que subraya la necesidad de
articular evaluación, retroalimentación y acompañamiento pedagógico (Kraft et al.,
2018).
Este entramado evaluación (feedback) acompañamiento tiene implicaciones directas
para la innovación educativa y la retroalimentación curricular. Por un lado, facilita la
adopción de metodologías activas y enfoques didácticos emergentes al ofrecer
evidencia concreta sobre fortalezas y áreas de mejora en la enseñanza; por otro,
provee insumos para revisar contenidos, secuencias y criterios de evaluación del
currículo, garantizando su pertinencia y actualidad (Burbano-Buñay, 2025). En
contextos hispanohablantes, se observa un avance en la problematización de la
observación de aula pasando de una aplicación estandarizada a una “mirada
pedagógica” más reflexiva, lo que enriquece la calidad de la retroalimentación y evita
decisiones curriculares basadas en indicadores estrechos (Willatt, 2024). Además, la
innovación vinculada a la competencia digital docente se ha empezado a medir con
instrumentos validados que permiten retroalimentar tanto la práctica como el diseño
curricular, reforzando la conexión entre evaluación docente e innovación (Dueñas
Zorrilla et al., 2024; Jiménez Cortés, 2012).
La experiencia latinoamericana aporta aprendizajes sobre los efectos y usos de
sistemas de evaluación de alcance nacional que combinan propósitos formativos y de
rendición de cuentas. En Chile, por ejemplo, se han documentado consecuencias
organizacionales (trabajo colaborativo, reflexión interna) y tensiones emocionales y de
carga laboral, así como usos diversos de resultados para el reconocimiento, el apoyo
y la toma de decisiones a nivel local; estos hallazgos enfatizan que el potencial
innovador de la evaluación depende del diseño, del uso pedagógico de la información
y de la legitimidad percibida por el profesorado (Taut et al., 2011; Santelices et al.,
2013).
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Concebida como un proceso esencialmente formativo, dialógico y orientado por
evidencias, la evaluación docente puede convertirse en un vector de innovación
educativa y en un mecanismo de retroalimentación curricular. Este artículo se
propone, en consecuencia, analizar la articulación entre evaluación del profesorado,
innovación pedagógica y ajuste curricular, con especial atención a los mecanismos de
retroalimentación y a las condiciones organizacionales (liderazgo, colaboración y uso
de datos) que median su impacto en la mejora de los aprendizajes.
En conclusión, la evaluación docente se configura como una herramienta estratégica
para fomentar la innovación educativa y promover la retroalimentación curricular. Al
enfocarse en el desarrollo profesional de los educadores y en la mejora continua de
los procesos pedagógicos, esta evaluación contribuye a la construcción de sistemas
educativos más efectivos, equitativos y pertinentes. Sin embargo, su éxito depende
de un diseño y aplicación adecuados, así como de un compromiso colectivo con la
excelencia educativa (López-Sánchez et al., 2025).
2. Materiales y métodos
La investigación se concibió como una revisión documental de carácter cualitativo,
orientada a comprender, desde la evidencia publicada en revistas indexadas, cómo la
evaluación docente operó como estrategia para la innovación educativa y la
retroalimentación curricular. Esta elección metodológica respondió a la naturaleza del
objetivo trazado y a la ausencia de recolección de datos primarios en campo; por ello
se priorizó la identificación, selección, evaluación y síntesis de estudios empíricos,
revisiones y marcos conceptuales que articularon evaluación del profesorado, mejora
de la enseñanza e innovación curricular en contextos reales de centro escolar
(Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
El diseño adoptado fue una revisión narrativa sistematizada, que organizó el corpus
en ejes temáticos y relaciones causales plausibles, manteniendo procedimientos
explícitos de búsqueda, cribado y síntesis para favorecer la trazabilidad y la
reproducibilidad del proceso. La revisión se centró en literatura en español e inglés,
publicada preferentemente entre 2010 y 2025, con inclusión de trabajos seminales
necesarios para fundamentar constructos, dada su vigencia en la investigación sobre
evaluación docente e innovación (Martínez et al., 2016; Kraft et al., 2018).
La estrategia de búsqueda se implementó en las bases de datos Scopus y Web of
Science, atendiendo a la pertinencia y cobertura disciplinar de ambas para educación.
Se emplearon cadenas booleanas en español e inglés combinando términos de tres
dominios: (a) evaluación del profesorado (teacher evaluation, classroom observation,
teacher appraisal), (b) innovación educativa (educational innovation, instructional
change, coaching), y (c) currículo y retroalimentación (curriculum feedback, curricular
alignment, assessment for learning, student feedback). Se delimitaron búsquedas a
artículos de revista con revisión por pares y se realizaron estrategias de “bola de nieve”
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sobre listados de referencias de trabajos clave para recuperar estudios influyentes
adicionales (Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
Los criterios de inclusión contemplaron estudios que: (i) situaron la evaluación docente
como variable principal o mecanismo de cambio; (ii) reportaron efectos o vínculos con
innovación pedagógica, desarrollo profesional o ajuste curricular; y (iii) presentaron
suficiente detalle metodológico para interpretar resultados y condiciones contextuales.
Se excluyeron reseñas no académicas, literatura gris y documentos sin revisión por
pares, con la excepción de informes internacionales usados solo como contexto en la
discusión, no como base de la síntesis analítica. La selección se efectuó en dos
momentos: cribado de títulos y resúmenes y lectura de texto completo para decidir
elegibilidad final (Pedroza Zúñiga & García-Poyato, 2022; van den Boom-Muilenburg
et al., 2023).
El procedimiento analítico consistió en una codificación temática iterativa. Primero, se
organizaron hallazgos en tres categorías a priori: “diseños e instrumentos de
evaluación docente”, “mecanismos de retroalimentación y desarrollo profesional” e
“implicaciones curriculares y de innovación”. Después, se refinaron subcategorías
emergentes como calidad del feedback, observación entre pares, coaching y
competencia digital docente y se mapearon relaciones entre condiciones habilitadoras
(liderazgo pedagógico, colaboración y rutinas de uso de datos) y resultados (adopción
de metodologías activas, ajuste de contenidos y criterios de evaluación). La presencia
reiterada de ciertos patrones permitió construir proposiciones explicativas sobre cómo
la evaluación se tradujo en innovación y retroalimentación curricular (Kraft et al., 2018;
Dueñas et al., 2024; Röhl et al., 2025).
Para reforzar la relevancia contextual, se incorporaron estudios de la región
latinoamericana que examinaron efectos y usos de sistemas nacionales de evaluación
del desempeño docente, con particular atención a su legitimidad percibida, a las
prácticas colaborativas que detonaron y a los posibles costos emocionales y
organizacionales asociados (Vimos-Buenaño et al., 2024). La inclusión de estos casos
permitió contrastar marcos normativos y culturas escolares diversas, aportando
matices sobre condiciones de implementación y sobre la traducción de resultados
evaluativos en decisiones curriculares situadas (Taut et al., 2011; Santelices et al.,
2013).
Se reconocieron posibles sesgos de publicación e idioma inherentes a las búsquedas
realizadas; para mitigarlos, se contempló literatura en español e inglés y se
contrastaron hallazgos entre diseños y contextos. Dado que el estudio no involucró
interacción con personas ni recabó datos sensibles, no se requirieron procedimientos
de consentimiento; no obstante, se mantuvo un estándar ético en el uso y reporte fiel
de la información, y se evitó extrapolar conclusiones más allá del alcance de los
estudios revisados. La narrativa resultante integró los ejes empíricos y conceptuales
identificados, con el propósito de sustentar, de manera coherente, los resultados y la
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propuesta analítica sobre la evaluación docente como vector de innovación y
retroalimentación curricular (Willatt, 2024; Pedroza & García-Poyato, 2022).
3. Resultados
3.1. Articulación entre evaluación docente, innovación educativa y retroalimentación
curricular
El análisis documental permitió sintetizar un patrón común que vinculó la evaluación
docente con la innovación educativa y la retroalimentación curricular a través de tres
resultados principales: (i) la identificación de fortalezas del profesorado derivada del
examen sistemático de la práctica, (ii) la adopción de metodologías activas como
respuesta al feedback pedagógico, y (iii) el ajuste de contenidos curriculares guiado
por evidencias de aula. Esta triada operó como un bucle de mejora continua en el que
la información evaluativa originó decisiones instruccionales y curriculares con
propósito formativo (Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
Figura 1
Relación entre evaluación docente, innovación y retroalimentación curricular
Nota: autores (2025)
En el primer componente, “evaluación docente - identificación de fortalezas”, se
constató que marcos de observación y rúbricas bien definidos posibilitaron
descripciones finas de la enseñanza y facilitaron la explicitación de prácticas efectivas
en planificación, interacción y evaluación del aprendizaje. Esta lectura de la evidencia
puso de relieve que la claridad de criterios y la consistencia del proceso evaluativo
favorecieron la detección de fortalezas accionables, al mismo tiempo que exigieron
cautela en la interpretación de puntajes para evitar inferencias sobredimensionadas
sobre la “calidad” de la docencia (Martínez et al., 2016; White & Klette, 2023).
El segundo componente, “evaluación/retroalimentación - metodologías activas”,
mostró que cuando el feedback a docentes fue específico, oportuno y orientado a la
mejora, se promovió la incorporación de estrategias como aprendizaje basado en
proyectos y en problemas, y el uso pedagógico de tecnologías. La evidencia revisada
señaló que estos cambios se potenciaron cuando se articularon con acompañamiento
instruccional (coaching) y con procesos de reflexión sobre la práctica, produciendo
Evaluación Docente
Identificación
de Fortalezas
Innovación
Educativa
Metodologías
Activas
Retroalimentación
Curricular
Ajuste de
Contenidos
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mejoras observables en dimensiones de la enseñanza y, en menor magnitud, en el
rendimiento estudiantil (Kraft et al., 2018; Röhl et al., 2025). Asimismo, la competencia
digital docente emergió como un facilitador para la implementación sostenida de
dichas metodologías (Dueñas Zorrilla et al., 2024; Willatt, 2024).
En el tercer componente, “retroalimentación curricular - ajuste de contenidos”, se
evidenció que la información generada por la evaluación docente incluida la
retroalimentación estudiantil analizada de manera formativa sirvió para revisar
secuencias, profundidad y pertinencia de los contenidos, así como criterios e
instrumentos de evaluación del aprendizaje. Estos ajustes resultaron más
consistentes cuando las escuelas operaron en culturas profesionales que usaron
datos de manera colaborativa y contaron con liderazgo pedagógico que aseguró
coherencia entre competencias esperadas, métodos y evaluación (Pedroza Zúñiga &
García-Poyato, 2022; van den Boom-Muilenburg et al., 2023).
La articulación de los tres componentes configuró un circuito de mejora donde la
evaluación no se limitó a calificar, sino que funcionó como dispositivo de aprendizaje
organizacional. En este circuito, la identificación de fortalezas alimentó planes de
desarrollo profesional, la adopción de metodologías activas permitió experimentar y
consolidar prácticas innovadoras, y el ajuste de contenidos cerró el ciclo al realinear
currículo, enseñanza y evaluación según evidencias de aula. La literatura revisada
respaldó que este uso instruccional y curricular de la información evaluativa es
condición para que la evaluación docente sea efectivamente una palanca de
innovación (Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
El contraste de experiencias latinoamericanas reforzó estos hallazgos y, a la vez,
advirtió tensiones a considerar. Sistemas de evaluación con visibilidad pública de
resultados generaron tanto espacios de colaboración y reflexión pedagógica como
cargas emocionales y administrativas, lo que subrayó la necesidad de propósitos
formativos claros, legitimidad del proceso y apoyos posteriores a la evaluación para
traducir resultados en mejoras de aula y del currículo (Taut et al., 2011; Santelices et
al., 2013).
Se reconoció que el éxito del modelo descrito dependió de la calidad técnica de los
instrumentos y de la prudencia en el uso de sus resultados (Santander-Salmon, 2024).
Las advertencias sobre la interpretación de puntuaciones de observación recordaron
que los efectos reportados son más sólidos cuando la evaluación se acompaña de
feedback dialógico, colaboración docente y liderazgo que institucionaliza el uso de
datos para aprender, innovar y ajustar el currículo de manera continua (White & Klette,
2023; van den Boom-Muilenburg et al., 2023).
3.2. Impacto de la evaluación docente en la innovación y la retroalimentación curricular
La revisión del corpus evidenció que la evaluación docente funcionó como un
dispositivo orientador de la mejora al activar un ciclo de tres efectos principales:
identificación de fortalezas en la práctica, adopción de metodologías activas y ajuste
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de contenidos curriculares (Guagchinga-Chicaiza, 2025). Este patrón confirmó que el
valor de la evaluación emergió cuando los resultados se leyeron con propósito
formativo y se usaron para la toma de decisiones instruccionales y organizacionales
(Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014).
Figura 2
Evaluación docente y su aporte a la retroalimentación curricular
Nota: autores (2025)
En el primer eje evaluación docente e identificación de fortalezas, los documentos
revisados señalaron que el uso de observación de aula y rúbricas permitió describir
con mayor finura dimensiones de la enseñanza (planificación, interacción, evaluación
del aprendizaje) y visibilizar prácticas efectivas que podían consolidarse o escalarse.
No obstante, se advirtió la necesidad de interpretar con cautela los puntajes derivados
de tales instrumentos, evitando extrapolaciones que desvirtúen su sentido formativo
(Martínez et al., 2016; White & Klette, 2023).
En el segundo eje retroalimentación y metodologías activas, los hallazgos mostraron
que la devolución específica y oportuna propició la incorporación de estrategias
centradas en el estudiante y el uso pedagógico de tecnologías (Roman-Lainez et al.,
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2025). Estos cambios fueron más consistentes cuando se articularon con procesos de
acompañamiento instruccional y reflexión sobre la práctica, lo que coincide con la
evidencia que asocia el coaching con mejoras en la calidad de la enseñanza y efectos,
aunque moderados, en el rendimiento (Kraft et al., 2018; Röhl et al., 2025; Willatt,
2024).
El tercer eje retroalimentación curricular—mostró que la información generada por la
evaluación del profesorado sirvió para actualizar contenidos (incorporar temáticas
emergentes, depurar obsolescencias) y alinear objetivos de aprendizaje con
estrategias de evaluación, fortaleciendo la coherencia curricular (Puyol-Cortez et al.,
2023). Este uso de evidencias resultó más robusto en culturas profesionales que
sostuvieron el trabajo colaborativo y el uso sistemático de datos para decidir cambios
de secuencias, profundidad y criterios de logro (Pedroza Zúñiga & García-Poyato
Falcón, 2022; van den Boom-Muilenburg et al., 2023).
El análisis también identificó desafíos y oportunidades para la implementación: la
resistencia al cambio cuando la evaluación se percibe como punitiva y la necesidad
de formación específica para fortalecer la legitimidad y el uso pedagógico de los
resultados. Este equilibrio entre exigencia técnica y acompañamiento formativo
apareció como condición para traducir la evaluación en decisiones de innovación e
iteraciones curriculares con impacto (Taut et al., 2011; Santelices et al., 2013).
En síntesis, la articulación de evaluación, innovación y currículo configuró un circuito
de mejora continua: diagnosticar fortalezas y áreas de oportunidad, ajustar la
enseñanza mediante metodologías activas sustentadas en feedback, y realinear
contenidos y criterios de evaluación a partir de evidencias de aula (Concha-Ramirez
et al., 2023). Cuando este circuito se apoyó en liderazgo pedagógico y comunidades
que usan datos, la evaluación dejó de ser un fin en sí mismo y se convirtió en palanca
de transformación educativa (Hallinger et al., 2014; Firestone & Donaldson, 2019; van
den Boom-Muilenburg et al., 2023).
4. Discusión
Los resultados sintetizados en este manuscrito muestran que la evaluación docente
operó como un dispositivo de mejora cuando articuló tres efectos interdependientes:
la identificación de fortalezas de la práctica, la adopción de metodologías activas y el
ajuste de contenidos curriculares. Esta triada confirma el supuesto central de la
revisión: la evaluación aporta valor cuando sus evidencias se leen con propósito
formativo y alimentan decisiones instruccionales y organizacionales, en sintonía con
lo señalado por la literatura sobre uso de datos para la mejora escolar (Firestone &
Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014). En términos teóricos, el patrón hallado
respalda una concepción de la evaluación como “infraestructura de aprendizaje
organizacional” más que como un fin en sí mismo, lo que desplaza la atención desde
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la calificación hacia la retroalimentación y el acompañamiento pedagógico (Salazar-
Alcivar et al., 2025).
El primer componente evaluación para identificar fortalezas refuerza la pertinencia de
marcos de observación y rúbricas bien definidos para describir la enseñanza en su
complejidad y visibilizar prácticas efectivas (Martínez et al., 2016). No obstante, los
hallazgos también obligan a prudencia: la interpretación lineal de puntajes puede
inducir a conclusiones sobredimensionadas sobre “calidad” si se prescinde del
contexto de aula, un riesgo subrayado por la literatura reciente al problematizar los
usos de las puntuaciones de observación (White & Klette, 2023). La discusión, por
tanto, se inclina por considerar los datos de observación como punto de partida para
el diálogo pedagógico, no como veredictos cerrados, lo que es consistente con el
enfoque de feedback formativo asumido en esta revisión (Firestone & Donaldson,
2019).
El segundo componente retroalimentación que impulsa metodologías activas aporta
evidencia convergente con metaanálisis que documentan efectos positivos del
coaching y de ciclos de retroalimentación específicos, oportunos y accionables sobre
dimensiones de la calidad de la enseñanza y, en menor magnitud, sobre el rendimiento
estudiantil (Kraft et al., 2018). Asimismo, la evidencia sobre la retroalimentación del
estudiantado sugiere que, cuando se acompaña de apoyos para su interpretación y
de espacios de reflexión, contribuye a ajustes instruccionales significativos (Röhl et
al., 2025). La discusión matiza que la adopción sostenida de metodologías activas
depende también de capacidades docentes especialmente digitales que facilitan
rediseños didácticos pertinentes (Dueñas Zorrilla et al., 2024) y de una reorientación
de la observación hacia una “mirada pedagógica” que privilegie el sentido formativo
(Willatt, 2024).
El tercer componente retroalimentación curricular confirma que el flujo de información
generado por la evaluación del profesorado es útil para actualizar contenidos, depurar
obsolescencias y alinear objetivos, métodos y criterios de evaluación. Este resultado
se alinea con revisiones que destacan el papel de la retroalimentación docente
incluida la proveniente del estudiantado como insumo para la toma de decisiones
curriculares (Pedroza Zúñiga & García-Poyato, 2022). A nivel organizacional, la
coherencia de estos ajustes crece cuando existen culturas profesionales de uso de
datos y liderazgo pedagógico que sostienen comunidades de aprendizaje y rutinas de
indagación, condiciones que la literatura identifica como críticas para institucionalizar
la mejora (van den Boom-Muilenburg et al., 2023).
El contraste con experiencias latinoamericanas añade matices sobre condiciones de
implementación: sistemas de evaluación con visibilidad pública de resultados pueden
activar colaboración y reflexión pedagógica, pero también generar cargas
emocionales y administrativas si se perciben punitivos (Taut et al., 2011; Santelices et
al., 2013). En esta discusión, la clave radica en el diseño: propósitos formativos
explícitos, instrumentos múltiples y válidos, devoluciones dialógicas y apoyos
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posteriores (desarrollo profesional y coaching), así como criterios claros para el uso
de información a nivel de aula y de currículo. Estas condiciones habilitan que la
evaluación funcione como palanca de innovación y no como mecanismo de control
que inhibe el cambio (Firestone & Donaldson, 2019).
En el plano de aportes y alcances, el estudio ofrece un modelo integrador que articula
evaluación, innovación y retroalimentación curricular en un circuito de mejora
continua, con implicaciones prácticas para políticas y centros educativos. Para la
gestión escolar, se sugiere convertir los informes evaluativos en planes de desarrollo
profesional orientados a fortalezas; para el currículo, institucionalizar “ventanas de
ajuste” donde la evidencia de aula reoriente contenidos, secuencias y criterios de
logro; y para la formación docente, fortalecer capacidades de análisis de datos y de
diseño didáctico con foco en metodologías activas y competencia digital (Kraft et al.,
2018; Dueñas Zorrilla et al., 2024; Pedroza Zúñiga & García-Poyato, 2022).
Las limitaciones de esta revisión acotan la generalización. Al tratarse de un estudio
documental sin recolección de datos primarios, los hallazgos dependen de la calidad
y diversidad de las fuentes seleccionadas y están expuestos a sesgos de publicación
e idioma. La heterogeneidad de contextos, niveles educativos e instrumentos
reportados en los estudios dificulta estimar tamaños de efecto comparables y obliga a
interpretar las asociaciones como plausibles más que causales, en línea con las
advertencias sobre el uso de puntuaciones de observación (White & Klette, 2023).
Estas restricciones, reconocidas explícitamente, orientan una lectura prudente de la
evidencia y refuerzan el valor de la triangulación.
A partir de estas limitaciones, se delinean direcciones para investigación futura. Se
requieren diseños cuasi-experimentales y mixtos que conecten con la ciencia de la
implementación para evaluar bajo qué condiciones (liderazgo, comunidades de
práctica, apoyos y tiempos) la evaluación docente se traduce en innovaciones
instruccionales y ajustes curriculares sostenibles. Resulta pertinente profundizar en
indicadores de calidad del feedback y en métricas de coherencia curricular sensibles
al contexto, así como en el papel de la competencia digital docente en la escala de
metodologías activas (Kraft et al., 2018; Dueñas Zorrilla et al., 2024; van den Boom-
Muilenburg et al., 2023). Finalmente, los sistemas deberían evaluar no solo si se
innova tras la evaluación, sino cómo se institucionalizan los cambios y qué
aprendizajes organizacionales emergen.
En suma, la discusión subraya que la evaluación docente alcanza su mayor potencia
transformadora cuando constituye un proceso formativo, dialógico y orientado por
evidencias que, al mismo tiempo, reconoce la complejidad de la enseñanza y respeta
las condiciones de trabajo docente. Bajo tales parámetros, los tres hallazgos centrales
fortalezas identificadas, metodologías activas y ajuste curricular conforman un circuito
virtuoso de mejora continua que alinea desarrollo profesional, innovación y pertinencia
del currículo (Firestone & Donaldson, 2019; Hallinger et al., 2014; Pedroza Zúñiga &
García-Poyato, 2022).
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5. Conclusiones
La revisión realizada permitió afirmar que la evaluación docente adquiere verdadero
poder transformador cuando opera como un proceso formativo y dialógico que articula
tres efectos encadenados: identificación de fortalezas profesionales, adopción de
metodologías activas y ajuste de contenidos y criterios curriculares. Este bucle de
mejora continua desplaza el énfasis de la calificación hacia el aprendizaje profesional
y la coherencia entre currículo, enseñanza y evaluación, convirtiendo los datos de la
evaluación en decisiones concretas de rediseño pedagógico.
El impacto de este circuito depende de condiciones organizacionales y técnicas bien
delimitadas: liderazgo pedagógico que institucionaliza el uso de evidencias, culturas
colaborativas que sostienen la reflexión docente, instrumentos válidos y criterios
transparentes, y una interpretación prudente de las puntuaciones de observación.
Cuando la retroalimentación es específica, oportuna y accionable, y se acompaña de
apoyos como el coaching y el fortalecimiento de la competencia digital docente, la
innovación instruccional se vuelve más consistente y sostenible, a la vez que los
ajustes curriculares ganan pertinencia y coherencia interna.
Como estudio documental, los hallazgos se interpretan con cautela y se orientan a
ofrecer un marco integrador para la acción. En términos prácticos, se sugiere convertir
los resultados evaluativos en planes de desarrollo profesional centrados en fortalezas;
calendarizar “ventanas de ajuste” curricular guiadas por evidencias de aula; y
consolidar comunidades profesionales de aprendizaje que den seguimiento a la
implementación de innovaciones. Futuras investigaciones deberían profundizar en los
mecanismos y condiciones que permiten que este circuito se institucionalice y escale
en distintos niveles educativos..
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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